Otra cita más del Club Conciertos Badajoz que guardaremos en la memoria aquellos que asistimos: otro “te lo has perdío” que podemos enarbolar.
Segunda cita en La Santa, tras el estallido festivo de Eh Mertxe, en el que volvíamos a presenciar unas novedades muy jugosas. El primer concierto fue de puertas abiertas gracias a Fundación CB y, por tanto, era éste el primero en que se filtrarían curiosos y seguidores del club que vienen. Bienvenidas todas siempre.
La cuadrilla de la taquilla se puso manos a la obra (gran trabajo, compadres) y, por fin, se materializó el trabajo que lleva desarrollando la sección juvenil del Club: Habemus teloneros, jóvenes y de la comarca.
El presi (Morales dimisión) y sus satélites llegaban en torno al mediodía y ya tenía bien organizado las pruebas, la comida, el horario… más quisieran los relojes suizos. Y aquí empieza la convivencia, porque más que un club de conciertos, somos un club de conciertos y convivencias, de camaradería entre gente y músicos. Concatenando comidas y pruebas de ambos grupos, entre la Santa y la Cervecería con Jota… —aquí mencionamos el solomillo y las cervezas, pues Sheila preparó lo que los Quincalla definieron como el mejor solomillo de su vida (también en el escenario, les honra) y David es a la cerveza lo que Maradona al fútbol: si al pibe le tiraban un microondas y lo controlaba, a nuestro David le dices tres conceptos (ahumada, fruta, trigo…) y te lanza la birra que cumple esas expectativas y aún muchas más—.
Lo dicho, compadreo y experiencias que compartimos con mucha alegría. Y así nos plantamos en el primer concierto: Ley Cero.
La genial presentación de la presi joven, Hada, parecía anticipar una velada en la que no iba a fallar ni faltar nada, y así fue. Enuncia el trabajo realizado, se gusta siendo directa y se va emocionando hasta el grito final que supone la presentación de la banda. Mucha y muy buena sensación. Y salen los chavales de Olivenza y empieza el chow.
Ya en la entrevista (que verán en sus pantallas) nos anunciaban una falta de complejos que casi asusta. Viniendo de Olivenza tampoco es de extrañar pues allí la diversidad es ley. Los tres, por separado, son muy buenos, como dejaron en retazos individuales durante el bolo, pero juntos son una auténtica armonía acompasada y bien engrasada. Sigan así y no sabremos hasta dónde pueden llegar.
La guitarra de Adrián, la batería de Alberto y la voz y el bajo de Gonzalo conseguían un equilibrio perfecto entre todas las piezas. Un concierto muy agradable, entretenido, ameno y disfrutón. Y sí, ver a auténticos jovenzuelos en primera fila cantando sus canciones ha sido novedoso para el CCB… y bendita sea la sección juvenil.
Acabada la primera parte tocaba comenzar la segunda, pues somos muy ordenados.
Tocaba movimiento de camerino, cambio de una banda por otra y siempre sacando momentos de última hora para dar un meneo al inmejorable e ineludible tente en pie de Donoso, a quienes seguimos y seguiremos agradeciendo siempre su colaboración.
Diego Pacheco, además de acertar en la propuesta de la banda, también se coronó con su presentación. Así entraron los Quincalla… La Santa bailó y disfrutó hasta reventar. Como solemos decir por el CCB, estos chavales son “carne de Club Conciertos Badajoz”, los podemos entallar ahora, pero nada más que en dos o tres años vamos a ir viéndolos en carteles cada vez más importantes, con sus letras cada vez más grandes y centradas. Lo disfrutaremos entonces como los disfrutamos en directo. La falta de complejos vuelve a ser protagonista, porque no hay manera de clasificar a esta quincalla.
Duros, salvajes, melódicos, dulces, rápidos, lentos… desconcertantes en el mejor sentido de la palabra. Colaron una versión de Leño que pasó de la sorpresa al jolgorio en dos milésimas de segundo.
Y presentaron su disco Morir dormido que, si en estudio es una auténtica delicia, en directo se transforma en algo muy difícil de definir, pero imposible de no gozar.
Las guitarras de Manu (además de su polivalente y desacomplejada voz) y Zaka pasaban de ángeles a demonios de manera instantánea y dotaban al ambiente, espiritual de por sí de La Santa, de una atmósfera casi extraterrestre.
La batería de Parra, que comienza el concierto y lo termina, mantuvo a la banda como los pilares de nuestra catedral, sin exagerar.

Y el bajo de Javi sencillamente era imposible, pero cierto. Se extraña uno al principio de ver al bajista en el centro de la pista, pero a los veinte segundos se entiende todo, quizá de más. Consigue combinar la genialidad de su toque con su pasión por el directo y es imposible no contagiarse.
De todo lo indefinible que nos proponen esta gente quizá lo más loco sea su bajo, comentario aprobado por todo lo dicho tras el concierto a él mismo de nuestro buen público.
Toda esa quincalla junta formaba un bloque de sensaciones y sentimientos que hace que, realmente, el concierto pase volando.
Lo dicho, en poquitos años esta buena quincalla manejará mucho y bien el cotarro de la música en nuestro país. Pusieron de acuerdo a todo el mundo: a los más duros, los más indies, los más alternativos y a los mainstream… todo a la vez, que no queremos que falte nada.
Tampoco faltó nada en la cena con la buena gente de La Casona Alta, como siempre. Además de la calidad de sus manjares, permite que hagamos alucinar, aún un poco más, a las bandas de fuera con la Plaza Alta de noche y con un pequeño paseo por la Alcazaba.
Pues hasta aquí la crónica del segundo del año. Lo hemos repetido muchas veces, pero es que la calidad y el nivel de bandas, el disfrute, no deja de subir. No sabemos si vamos a poder, o querer, o poder impedir, que esto siga subiendo… la verdad.
Mientras tanto solo nos queda disfrutar y agradecer a los chavales de Olivenza, Ley Cero (y pedir que sigan y sigan, porque, aunque ya son buenos, pueden realmente conseguir ser lo más), y a los Quincalla, de Madrid, también por marcar por fin Badajoz en su mapa y que se acuerden de nosotros cuando estén en lo más alto.

