Apenas habían pasado 24 horas de la llegada de la primavera y ya tenemos otro concierto de calendario del Club. Arrancamos la temporada fuertes como el vinagre y entre Cortada y el concierto del pasado sábado tuvimos tiempo a inaugurar el ciclo de conciertos del Cafetín del López. La maquinaria está bien engrasada.
Más o menos a la hora del té comenzaron los ya tradicionales preparativos. La peña de la sala Off dispuestos y a tiempo, el cáterin de Donoso esperando ser devorado tras la sorpresa de comprobar que no había bocadillos, las Estrellas y las Milno adquiriendo el ligero tono blanquecino del perfecto frío…
Abrieron los Collider y si lo de Cortada fue un terremoto aquí tocó huracán. Otro parto de la Remayte que viene a demostrar que la pulsión por el metal y el hardcore en Badajoz está en un momento explosivo. Un concierto contundente en todos los aspectos. Perfectamente asentado en estructuras pesadas como buques. Los bajos y guitarras pasaban de ritmos locos a otros más imposibles, la batería sostenía y aumentaba a la vez esa amalgama bestial. Y la voz resonó en cada rincón de la sala Off y parte de la calle. Hacen esa música que se siente más en el pecho que en los oídos y cada vez hay más propuestas que van en esa línea y salen elegidas: tenemos el algoritmo bien afilado.
Después vino la pinchada que aporta esa tranquilidad necesaria entre la tormenta pasada y la que se venía. Porque la siguiente tempestad venía con todo, vaya.
Vamos con todo es una banda que, como ciertas películas, cumple con lo que promete de una manera clara, explícita, descarada y autoconcluyente. Al nivel de serpientes en el avión, sharknado, cowboys y aliens o el ataque de los tomates asesinos (referimos aquí la relación entre título y trama, la comparación entre banda y cine no es en ningún sentido cualitativa)
Desde los primeros compases fuimos transportados a otras atmósferas, de otros sitios, pero estando más presentes que nunca. Es como si hubieran cogido la esencia del rock urbano, después continúan con las evoluciones que ha seguido hasta hoy, y vuelven al principio con una esencia mejorada. Es lo que nos cuentan los anuncios que te ofrecen “la fórmula de siempre, pero mejorada”, salvo que su intención es demostrar que el rock no es que deba o tenga que resurgir, es que no puede hacer otra cosa. Nunca se va del todo por mucho que lo parezca. Nos tienen convencidos de que la música más consumida ahora mismo es inapelable e infranqueable, que ha vencido a todo lo demás… pero parece ser que hay una historia y algo que decir. Y sigue sin venderse.
David Macarrilla a la batería como betún asfáltico, las guitarras de Carlos y Alejo son los minerales de grava y arena, y José Antonio al bajo como un auténtico leño. La voz (Carlos) y los coros con todo lo demás ya transciende el propio escenario. Fino, cuidado, casi quirúrgico, con mucho corazón y mucha naturalidad. La versión del betún antes mencionado fue directamente un viaje el DeLorean… pero, repito, sin movernos del presente. Porque hoy día escuchamos discos de los 70-80 que, no nos engañemos, nos gusta decir eso de que no puede hacerse hoy día, por demasiadas razones… pero, y si resulta que estos arriacenses (porque vienen de Guadalajara y no de “ese Madrid”) han venido a demostrar lo contrario. Seguimos siendo, seguimos estando.
Provincianos como nosotros, el entendimiento de la convivencia más allá del concierto fue cristalino. Y sus reivindicaciones encima del escenario, “nuestras redes sociales son los bares y la calle”, mete otro gol a los debates que se producen en el Club.
Si en Cortada fue mitad y mitad, ahora el huracán del sábado ha cogido ese idealismo flotante, lo ha estampado contra el suelo, y ha dibujado un mapa muy claro en la mancha que ha dejado: es importante fijarse en lo que se acaba de elegir.
Así que nada, otro perrito piloto y a no relajarse que el próximo viene pronto. En menos de un mes (18 de abril) tendremos que ponernos guantes y vacunas porque toca lidiar con calambres colectivos y tentáculas oliventinas. Casi na.

