A todos nos gusta estrenar. A las buenas personas del Club Conciertos Badajoz también y el 20 de marzo lo hicimos a lo grande: inauguramos los conciertos en el Cafetín con Andrés Herrera “Pájaro” y Raúl Fernández. En el ambigú del teatro López de Ayala discurrieron una sucesión de temas extrañamente distintos (swing, surf, spaguetti western, tarantela y rock cofrade) que encontraban la coherencia y la ortodoxia en la complicidad de los músicos.
Ya habíamos tenido el gusto de escuchar a Pájaro en un libro sonoro previo cuando acompañó con voz y guitarra a Antonio Jesús García y a Ramón García en la presentación del libro Todo el flamenco es rock. Andrés Herrera “Pájaro” aparece en esa obra (pág. 257) cuando allá en los ochenta tocó con Silvio. Después continuó con los mejores (Rafael y Raimundo Amador, Kiko Veneno, Pepe Begines…) y, en la madurez, una carrera en solitario igualmente caracterizada por la excelencia y la originalidad.
El espacio elegido dentro del teatro permite conciertos con un aforo limitado a unas ochenta personas casi todos cómodamente sentados y algunos de pie, debidamente refrigerados y acondicionados por la enorme barra de bar del ambigú. Una buena sonorización y un público entregado.
Morales fue en encargado de la presentación: breve, sorprendentemente breve, en la que habló de autenticidad de los músicos y del formato. Gracias de rigor a los responsables del Consorcio López de Ayala, reconocimiento sincero, porque se está creando un espacio más del Club Conciertos Badajoz. Una simbiosis que esperamos que dure muchos años: dotar a Badajoz de espectáculos musicales de calidad en un enclave idílico.
Buena entrada y un público entregado. Uno de esos conciertos que no olvidaremos. Es el primero, nuestro primer cafetín, pero es que la experiencia musical fue inolvidable. El formato intimista y acústico nos ofreció un espectáculo magnifico. La cercanía de los músicos nos permitía ser testigos de su confabulación para hipnotizarnos a base de autenticidad y honestidad. Autenticidad porque el espectáculo Criaturas nos enseñaba como hay músicos que desarrollan su carrera de conformidad a su trayectoria, sentimientos y emociones sin pretender ser algo distinto. Y honestidad, porque no hay algo con más de verdad que el formato acústico.
El formato acústico no reducía, sino que desnudaba. Cada tema aparecía más expuesto, más frágil, más verdadero. La cercanía permitía asistir casi a una conspiración: miradas, gestos mínimos, ajustes imperceptibles. Andrés Herrera “Pájaro” y Raúl Fernández no tocaban juntos: conversaban.
Hubo momentos que parecían sacados de una película de Sergio Leone, con guitarras que evocaban paisajes abiertos y polvo en suspensión. Después, el salto era inesperado: el público coreando A galopar, ese encuentro entre Paco Ibáñez y Rafael Alberti, o nos sorprendíamos siguiendo con devoción el compás de la Pura Concepción.
El concierto avanzaba sin necesidad de artificios. No había épica impostada, ni grandes gestos. Solo música. Y, en esa sencillez, una forma de verdad difícil de fingir. Porque si algo dejó claro Criaturas es que hay artistas que no interpretan un papel: son lo que tocan. Autenticidad como forma de estar en el mundo. Honestidad como única estética posible. Alguien dijo que Pájaro fue el último mozo de espadas de Silvio. No tenía razón, Andrés Herrera Pájaro es un Maestro. Ya tenemos otro amigo.

