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Susan Santos: profeta en su tierra

por | 28/09/2026 | Crónicas

El sábado 12 de septiembre, nosotros, el Club Conciertos Badajoz, organizamos una jornada doble en torno a una de las guitarristas más singulares del panorama musical: Susan Santos, que regresó a su tierra para ofrecer dos citas de naturaleza muy distinta, pero unidas por el mismo hilo conductor: su forma de entender la música desde dentro.

Al mediodía, en el ambigú del Cafetín del Teatro López de Ayala, un grupo reducido de asistentes tuvo el privilegio —sí, privilegio— de asistir a algo que difícilmente se repite: una guitarrista de su nivel hablando en primera persona sobre cómo llegó a entender sus creaciones. Empezó tocando la guitarra española, y la irrupción de otros ritmos y melodías —el rock, el blues, el funk— hizo que se enamorara de la eléctrica. Muchas influencias, mucha música, muchas horas con la guitarra, experimentando hasta llegar a un sonido propio.

La intimidad dominaba el escenario del cafetín. Con el público apenas a un metro de distancia, Susan apareció con una camiseta de The Stooges y una Fender Telecaster turquesa. Mientras la mano izquierda se aplicaba a las cuerdas, las joyas de la derecha hacían juego con el color de la guitarra: un anillo de plata ancho y acanalado en el índice; en el anular, una piedra turquesa engastada también en plata; y, en la muñeca, un brazalete abierto con una piedra ovalada del mismo color sobre negro. Las uñas, pintadas de un rojo intenso, ponían el contrapunto. No parecían simples adornos: formaban parte de su lenguaje, el mismo que trasladaba al desierto, a las carreteras y a los protagonistas de sus canciones.

Fue precisamente esa intimidad del formato la que marcó la sesión. Sin banda, sin luces, con el público a un metro de distancia, Susan Santos fue desgranando entre canción y canción pequeños secretos de su oficio: por qué compone determinados temas, qué necesita sentir para que una canción esté terminada, cómo decide qué historias contar y cuáles se queda para ella. Habló también de algo muy físico: en directo alterna la púa y los dedos según lo que pide cada pasaje y, cuando deja la púa, no la suelta, sino que la esconde entre los dedos con un gesto rápido de una sola mano, casi sin que se note, como quien ejecuta un truco de manos. Ese pequeño juego de prestidigitación resume bien su forma de tocar: una técnica que parece casual, pero que esconde muchísimas horas de trabajo.

También nos enseñó su guitarra barítono, pensada para afinaciones más graves. No es un capricho puntual: explicó que recurre a esta preciosidad de color marfil para temas concretos en los que necesita ese registro grave, como el que aplicó al slide en Hot Rod Lady, canción de su disco Sonora. Verla manejar ambas guitarras en un espacio tan pequeño como el ambigú permitió apreciar detalles de digitación y fraseo que, en un concierto de banda completa, suelen quedar diluidos. Pura magia.

Por la noche, la fiesta. Antes de la actuación de Susan Santos, Juanjo Pozo se encargó de la sesión de DJ en la terraza, sorprendiendo al público con rarezas del rock and roll que fueron calentando el ambiente y preparando el terreno para lo que vendría después.

Cuando Susan Santos subió al escenario de la terraza, ya no estaba sola: la acompañaban un bajo y una batería, formando un power trio en el que ella llevaba la voz cantante en todos los sentidos. Se notaba quién marcaba los tiempos, los silencios y los cambios de intensidad. Y ahí apareció otro de los aspectos de los que había hablado por la mañana: esa capacidad de estar completamente concentrada en lo que está tocando sin dejar de ser consciente de todo lo que ocurre alrededor. Es una sensación que muchos músicos describen y pocos consiguen transmitir hacia fuera: el cuerpo en el escenario, atento a la banda, al público y al sonido que sale de los monitores y, al mismo tiempo, un estado de concentración casi absoluta en el que solo existe la canción que se está interpretando.

Ese repertorio bebe en buena parte de Sonora, su sexto disco, publicado en 2024 y grabado en los Black Betty Studios de Madrid. Es un trabajo que ella misma ha descrito como un disco conceptual construido en torno al desierto, paisaje común a todas las canciones, y que nació de un proceso muy particular: primero grabó las canciones en casa y se las fue pasando a los músicos; no entraron a grabar hasta que todos se sintieron cómodos con el sonido, y ella mantuvo las riendas de las mezclas. Ese método explica en parte la cohesión que se percibe en directo: cada tema parece haber pasado por muchos filtros antes de llegar al escenario.

Pero la noche también miró hacia delante. Susan Santos trabaja ya en su séptimo álbum, Camino Diablo, que verá la luz este otoño a través de Rattlesnake Records. Concebido como una road movie personal por parajes desérticos, el disco ya ha dejado los adelantos El Camino, Faith y, hace apenas unos días, Bad Little Susie, grabado de nuevo en Black Betty Studios, con Susan Santos a la voz y en todas las guitarras.

Entre el recogimiento del ambigú y la energía de la terraza, la jornada organizada por el Club Conciertos Badajoz dejó claro por qué merece la pena seguir apostando por traer a Badajoz artistas de esta categoría: no se trata solo de escuchar buena música, sino de tener la oportunidad de acercarse a cómo se construye, algo que el público y los socios de la asociación agradecen cada vez que se les brinda.

La programación del fin de semana había comenzado el día anterior en la Fundación Caja Badajoz, gran mecenas de la cultura en la ciudad. Allí, Amparo Llanos presentó Afectuosamente tuya (Editorial Renacimiento), volumen en el que traduce la correspondencia de Jane Austen. La acompañaron Hada —el futuro del Club— y Cristina Fernández —nuestra gran actriz de Skene—. La elocuencia de las tres permitió reconstruir la trayectoria vital de la escritora británica y completar un gran fin de semana.